Era navidad, otra vez.
Ella triste caminaba perdida por las calles de aquella ciudad, tan verde, tan blanca, tan gris. Estaba perdida y no le importaba, en realidad no tenía donde encontrarse, no le interesaba hacerlo, vivir así, a su manera.
Pero igual se sentía triste, igual hubiera preferido tener a alguien a lado que le hiciera compañía, y alguién detrás que la empujara cuando no quería seguir, pero no había nadie, sólo la gente que pasaba sin darse cuenta de que ella estaba ahí, ya nadie le sonreía, ya nadie le tenía lastima, era invisible.
Tenía doce años viviendo en las calles de esa ciudad y se la había acabado la esperanza, la gente ya no le daba monedas, ahora era ella quien las tomaba de sus bolsas; la gente ya no le regalaba comida a la pobre niña, ahora debía tomarla de los botes de basura. Todo eso era triste y ella no tenía con quien compartirlo. Era navidad, la gente iba por la calle, sonriendo, sudando, muriendo de frío, sola esperando con alguien, o con alguien esperando no quedarse sola, y siempre alguien, alguien que espera, alguien a quien esperar, alguien quiere, a quien querer; para ella no, para ella no había nadie.
Pero a veces alguién viene y te da un abrazo, te pone una camisa nueva y muy blanca, te llevan en su vehiculo a un lugar donde te bañan e intentar hacerte sentir bien. Te hacen preguntas pero no puedes responder, ella estaba loca, no podía responder. Quizá le iría mejor con esa nueva vida encerrada.
Ella triste caminaba perdida por las calles de aquella ciudad, tan verde, tan blanca, tan gris. Estaba perdida y no le importaba, en realidad no tenía donde encontrarse, no le interesaba hacerlo, vivir así, a su manera.
Pero igual se sentía triste, igual hubiera preferido tener a alguien a lado que le hiciera compañía, y alguién detrás que la empujara cuando no quería seguir, pero no había nadie, sólo la gente que pasaba sin darse cuenta de que ella estaba ahí, ya nadie le sonreía, ya nadie le tenía lastima, era invisible.
Tenía doce años viviendo en las calles de esa ciudad y se la había acabado la esperanza, la gente ya no le daba monedas, ahora era ella quien las tomaba de sus bolsas; la gente ya no le regalaba comida a la pobre niña, ahora debía tomarla de los botes de basura. Todo eso era triste y ella no tenía con quien compartirlo. Era navidad, la gente iba por la calle, sonriendo, sudando, muriendo de frío, sola esperando con alguien, o con alguien esperando no quedarse sola, y siempre alguien, alguien que espera, alguien a quien esperar, alguien quiere, a quien querer; para ella no, para ella no había nadie.
Pero a veces alguién viene y te da un abrazo, te pone una camisa nueva y muy blanca, te llevan en su vehiculo a un lugar donde te bañan e intentar hacerte sentir bien. Te hacen preguntas pero no puedes responder, ella estaba loca, no podía responder. Quizá le iría mejor con esa nueva vida encerrada.