domingo, 29 de junio de 2008

Maravillosa historia de amor.

Esta historia empieza con el hijo del carnicero vistiéndose el mandil que había pertenecido a su padre cuando este estaba vivo. Le iba un poco grande, pero sólo con jalar la tira de la cintura le ajustaba mejor. Nadie hubiera dicho que se veía especialmente bien vestido así, con manchas de sangre de res y un cuchillo muy grande en sus pequeñas manos, pero ella sí, lo pensaba verdaderamente, no tenía ojos para nadie más.

Ella, era pequeña y débil, las cosas no le iban demasiado bien y soñaba con que algún día le iría mejor. A él lo veía casi todos los días, cuando su padre todavía era el carnicero y él sentado atrás veía televisión. Ella había deseado hablarle, él era un poco mayor pero no demasiado. Ensayaba frente al espejo, pero la verdad era que a él no parecía impórtale mucho su presencia nunca. Quizás ni siquiera lo notaba.

Pero el carnicero murió, sólo tenía un hijo y su familia era muy poca. Se hizo el funeral y casi todos los vecinos acudieron, ella acudió también con su madre y dos hermanos, menores ambos. El hijo del carnicero ya no lloraba, todo el mundo lo abrazaba a él que estaba a lado de la tumba, ella lo abrazó también, quería decirle algo, pero no se atreve nunca.

Y pasó el tiempo, él ya está acostumbrado a usar esa bata y al olor de la sangre, ella le sonríe cada vez pero nunca dice nada. Quiere decirle algo, piensa y se imagina muchas cosas, quiero que todo eso pase. Y ahí va, por fin le va a hablar, dirá hola y después verá qué pasa, está a punto de escribir una maravillosa historia de amor.

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