Faltaba tiempo,
no había letras,
ni mar, ni arena.
Respirando fuego,
empeñaba dudas,
vendía mis miedos,
subasté mi alma.
Ahogado en pagarés,
entre sílabas rojas,
esperaba un después,
una luz, un talvez.
Con gafas de alquitrán,
me escondía de pagar
e inútil era respirar.
La solitaria demencia
y la avergonzada vergüenza
ya se van, no se quedan,
pues con estas palabras
ya he pagado mi deuda.
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1 comentarios:
y la avergonzada verguenza!!!
muy bien muy bien!
:)
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