martes, 2 de junio de 2009
Toda la vida.
Teníamos ocho años y medio y la ropa sucia, corríamos bajo la recién nacida lluvia que empezaba a hacer charcos por la calle, tu llevabas botitas, las mías se las habíamos regalado a un árbol, nuestras mamás ya debían estar en las ventanas esperando que volviéramos, nos gustaba tener gripe y no ir a la escuela, a ti te gustaba la sopa pero a mi no. Tu cabello mojado brillaba y no parabas de reír, corrías detrás de mi y sabías que no podías alcanzarme, nuestras casas, una frente a la otra, nos esperaban con las puertas abiertas en el andador.La primera vez que robamos el auto de mi padre es algo que nunca olvidaremos, compramos helados y pizzas, aceleramos y nos reímos mientras la lluvia azotaba el cristal y el limpiaparabrisas nos decía que no. Volver a casa y abrazarnos bajo la lluvia en tu azotea, nuestro primer beso fue en el ultimo día de secundaria, sabíamos que el mundo era nuestro y que nada podría detenernos. Nos regañaron pero nada importaba ya, eran vacaciones y el verano sería largo, tú soñabas con que eso duraría para siempre y que nos casaríamos, que seríamos adultos y algún día tendríamos hijos, nunca seríamos lo que son nuestros padres y nos divertiríamos mucho. Nuestras madres nos regañaron mucho a través de muchos años, no las soportábamos, teníamos dieciocho años cuando decidimos huir de casa y encontrar un mejor lugar, con más frío y alquilar un cuarto con alfombra, entramos a la Universidad. Nos divertimos mucho y nadie negaría que la estábamos pasando bien, aunque no sabíamos en el lío en que nos estábamos metiendo, las fiestas con alcohol y los cigarros bajo las estrellas nos acercaban cada vez más, nuestros amigos la pasaban bien y nunca faltaba quien contara un chiste ni quien trajera las drogas, ellos sabían que estaríamos juntos toda la vida. Pero es ahora cuando pienso las cosas que están pasando, tú te estás poniendo muy delgada, hemos pasado tanto tiempo juntos que compartimos todo, incluso la aguja con la que nos hacemos daño, quisiera decirte que pararas y que te fueras de mi lado, esto no está bien y no sé en donde terminaremos. Tú soñabas muchas cosas y me las contabas en la mañana antes de levantarte de la cama, lamento mucho no poder cumplir todos tus sueños, y siento mucho todo el daño que te he hecho, pero ahora no puedo decirte que pares, he visto pasar toda la vida en la ultima dosis y a lo mejor no nos falte mucho, deberíamos tomar el coche y comprar helado, comer pizza y reír, comer un poco de sopa, correr bajo la lluvia y quitarnos los zapatos, ir a visitar a nuestros padres y ser felices, quiero decirte que te detengas, pero ahora no puedo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
2 comentarios:
Me gustaron mucho los textos, mas que nada café con vainilla.
Muy bueno!
me imagine cada cosa cada paso y todo lo que hacian.!!
Felicitaciones al chef!
:) y un saludo pa uste!
Publicar un comentario en la entrada